arquitectura, entre otras soluciones
lunes, 21 de enero de 2013
Cambio de dirección
A partir de esta entrada, el blog se traslada a www.jaumeprat.com, donde se ha renovado el diseño y abierto una página única para todos los idiomas. Espero que el cambio sea de vuestro agrado.
sábado, 5 de enero de 2013
#lsp, matices
El interés que ha suscitado el artículo que publiqué sobre
el borrador de la Ley de Servicios Profesionales ha motivado toda una serie de
artículos paralelos, críticas, y matices que me obligan a una respuesta
conjunta, que, espero, sirva para recoger inquietudes y animar un debate
necesario.
Como en el artículo anterior, matizo por temas intentando
encontrar un hilo conductor que organice una serie de reflexiones dispersas.
1.- Sobre
arquitectura y construcción
La arquitectura representa la construcción. En sentido
amplio. Ésta está la base de nuestra disciplina. Pero construir no es juntar
ladrillos y producir edificios a priori y sin sentido, independientemente de su
calidad. El arquitecto propone urbanidad. Resuelve problemas. Canaliza,
resuelve las demandas de sus clientes, sintetizándolas en un resultado que debe
de ser obligatoriamente coherente con la ciudad y la sociedad en la que está
inmerso. Eventualmente las respuestas a estos problemas se producen
construyendo algo de nueva planta. Pero no siempre debería de ser así.
La arquitectura organiza. La sociedad a la que servimos,
cualquier masa urbana, la ciudad, la civitas,
es entrópica por definición. Entre la arquitectura y la sociedad se produce un
movimiento de acción-reacción constante: organizar, desorganizar y vuelta a
empezar. Incluso en lo que dura una vida humana (un tiempo que puede ser
irrelevante en la vida de un edificio) se percibe que el organismo social está
en movimiento constante.
La arquitectura consiste en poco más que en poner las bases
para la vida. Sin lo que realmente la anima está vacía.
2.- Sobre la
naturaleza artística de la profesión
Diversas culturas comparten el mismo mito fundacional de una
ciudad, desde Egipto a la Edad Media, y en diversas partes del mundo. Presento
aquí la versión de la fundación de Roma, por Rómulo y Remo. Ésta se produce en
tres tiempos.
El primer tiempo
es la razón de su fundación. Roma es casa. Roma es la casa que permitirá a los
refugiados de Troya, que llevan vagando siglos por el Mediterráneo, se vuelvan
a sentir dignos. Ciudadanos, no refugiados: Roma se funda por necesidad.
El segundo tiempo
es la propia fundación. Dos hermanos: Rómulo y Remo. Rómulo define el perímetro
de la ciudad mediante un arado. Mientras, Remo está a su lado tocando la flauta
y bailando, animando a su hermano y dando carácter ceremonial a un acto que, de
otro modo, no tendría esta fuerza.
El tercer tiempo
es la política: Rómulo matará a Remo en una discusión sobre los límites de la
propiedad. La ciudad tiene leyes. El perímetro arado es mucho más que un surco
débil: es un ámbito político que debe de ser respetado.
No he encontrado
mejor definición de arquitectura que este mito. Todo está aquí representado:
lógica simbólica, conveniencia, relación arte-técnica (físicamente separados,
pero hermanos), repercusión de lo construido.
La arquitectura es, pues, una profesión de síntesis ejercida
por profesionales altamente preparados (nunca lo estarán lo suficiente) cuyo
principal valor es el de relación. El discurso sobre lo que es la arquitectura
es complejo y no debe de simplificarse. Estos días se me ha objetado que la
sociedad sabe perfectamente qué hace un arquitecto. Discrepo. Uno de los
factores clave para la crisis de nuestra profesión es, precisamente, no haber
sabido explicar qué hacemos, más allá de un marco competencial y de negocio.
3.- Sobre la
disciplina
Los primeros arquitectos (Imhotep sería el ejemplo perfecto)
se movían en un marco competencial que les daba poderes casi absolutos no tan
sólo sobre lo que rodeaba al cuerpo humano, sino sobre el mismo cuerpo: estos
arquitectos serán médicos, filósofos, constructores, contratistas,
meteorólogos, astrólogos, teólogos. En el siglo XVIII llegamos a encontrar un
médico arquitecto célebre, Claude Perrault, autor de gran parte del Louvre y de
tratados sobre medicina y construcción. Sir Robert Hooke tiene un perfil,
incluso, más disperso: biólogo, ingeniero, topógrafo jefe de la Ciudad de
Londres, cirujano, arquitecto. Y pasa por ser el primer calculista de
estructuras que ejerce como tal en la historia, asistiendo a Sir Christopher
Wren en la construcción de la Catedral de San Pablo. Un Wren que, de no haber
pasado a la historia como uno de sus mejores arquitectos, habría excelido por
sus capacidades como matemático.
La pérdida de competencias ha sido, pues, gradual a lo largo
de la historia, y ha ido incrementándose a medida en que las diversas
disciplinas que dominaban estos arquitectos se iban especializando y
complejizando hasta hacerlos ingobernables por una sola persona. Lo que
constituye nuestro marco profesional.
No obstante, insisto, muchas de estas competencias las hemos
solado de modo arbitrario. No estamos cualificados para ser cirujanos, como
Hooke (ni aceptaríamos su ratio de muertos, perfectamente aceptable en su
época, en un profesional de hoy en día), pero sí lo estamos para decidir la
correcta ubicación de un hospital. Cosa que no hacemos: concursamos en solares
dados sin poder para intervenir en una de las decisiones más importantes para
su correcto funcionamiento. Suma y sigue.
4.- Sobre los límites
de la disciplina
Los arquitectos, ejerciendo como tal, tenemos muy poco
poder. En cambio, la dimensión política de nuestra profesión, ejercida como
tal, es muy poderosa. Y, colectivamente, la hemos negligido gravemente. Hay una
buena cantidad de ingenieros ejerciendo la política de primer nivel. Mientras
escribo estas líneas, Jesús Posada, Ingeniero de Caminos, es el Presidente del
Congreso de los Diputados. No muchos arquitectos han ejercido la política y,
cuando lo han hecho, no se han preocupado por la disciplina.
La historia española de las competencias de los arquitectos
(gracias, aquí, a Jesús Meizoso, arquitecto técnico estudioso del tema) es
circunstancial, quedando marcada por la arbitrariedad y las posiciones
relativas al poder de maestros de obras, arquitectos e ingenieros, así como por
la naturaleza de sus encargos: públicos o privados, dependientes del poder
político o económico, etcétera, y por la presencia de estos técnicos en las
diversas comisiones de organización.
No existe, ni existirá, un marco teórico idílico. Cualquier marco
competencial pasado o futuro tendrá que ser, forzosamente, negociado.
Una de las primeras conclusiones a las que se podría llegar
es la necesidad de arquitectos que se dediquen a la política. En un número
inédito, y ejerciendo como tales. Lo que no está sucediendo. O no de modo
relevante. No dudaría en ejercerlo siempre y cuando hubiese dos condiciones innegociables:
una posición independiente dentro del partido político con el que me relacionase,
sin militancia, y no estar sujeto a una disciplina de voto que cuenta a los
diputados por números, negándoles todo su criterio individual.
La segunda es la necesidad de aceptar un marco competencial que
reparte competencias con los otros agentes que intervienen en el proceso
constructivo: ingenieros y arquitectos técnicos. Dentro de poco, ingenieros
civiles, project manager, interioristas, etcétera. Encontrar, en él, un modo de
convivir que minimice la competencia. Por difícil que sea.
Identificar la raíz del problema. Ésta no es una pelea de
perros entre técnicos. Lo que realmente ha minado la profesión es el papel que
sobre ella han ejercido los abogados y las compañías de seguros. Los agentes
que controlarán, en un futuro inmediato, el mundo de la construcción serán los
capaces de proponer proyectos y aquellos que consigan cobertura económica para
construir un proyecto. Sin ello a penas se podrá afrontar nada. Renunciando a
estos ámbitos (que, insisto, no nos han quitado los ingenieros) somos, tan
sólo, fachadistas, sastres de un organigrama que, de estar podrido de antemano,
tan sólo servirá para producir edificios inútiles. Y esta es otra competencia
que hemos soltado. Virtuvio, Palladio, todos los grandes tratadistas hablan de
la elección del emplazamiento (ahora determinada por unas normativas que todos
juzgamos mal hechas) como de la primera decisión arquitectónica relevante.
5.- Unas verdades
incómodas
Muchos de nosotros sobramos. Hemos creado un monstruo que ha
formado demasiados arquitectos. Más de los que el sistema económico o la
sociedad pueden digerir. Hay muchas causas para ello: una dictadura que usó la
universidad como un sistema de promoción social y económica, una formación
profesional insuficiente y desprestigiada, el ver la docencia como una salida
profesional para muchos arquitectos. Arquitectos ensimismados en la academia
que forman arquitectos que no habrán tenido oportunidad de entrar en contacto
con el mundo de fuera de la universidad.
A los jóvenes arquitectos sólo les quedan tres salidas. La
primera es irse. Fabuloso: España ha pagado decenas de miles de euros por cada
uno de estos profesionales que, ahora, soltamos, formados y cualificados, al
mundo. Jóvenes que, a menudo, no quieren marcharse. Pero deben.
La segunda salida es la emprendería. Explorar límites,
márgenes, parcelas de negocio negligidas. Instalarse en ellas, abrir trinchera.
La tercera salida es el reciclaje. El abandono de la
profesión y el paso a otros sectores del mercado de trabajo.
Lo que nos vuelve a enfrentar con un sistema ineficaz hasta
límites negligentes. Temerarios. Sus responsables deberían ser juzgados.
El principal caballo de batalla del país, no sólo
arquitectónicamente hablando, es conseguir que los méritos sirvan para algo. Lo
que más descorazona a cualquier profesional del país es constatar que en la
pugna por un lugar de trabajo, por un proyecto, su grado de preparación no es
el factor más relevante.
La lucha por la meritocracia es colectiva. No sólo de los
arquitectos: pertenece a cualquier profesional que quiera distinguirse por su
trabajo. Su símbolo más claro es un presidente del gobierno monolingüe, más
algunos analfabetos funcionales en puestos de responsabilidad en este gobierno.
Su visualización más clara son las parrillas de las cadenas de televisión y sus
índices de audiencia.
No hay mejor manifestación (por poco visible que sea) que un
buen trabajo realizado y divulgado como tal. La lucha por las competencias será
negociada, tal y como dice el CSCAE. Y, si éste (o cualquier colegio
profesional) no se juzga suficiente, y es obvio que cualquiera de ellos está
desbordado y desconcertado por los acontecimientos, un determinado colectivo
puede elegir hacerse con su control o doblarlo. El único límite consiste en
hacerlo con responsabilidad, no en pro de unos lobbies que tan sólo debilitarán más la profesión en beneficio de
unos pocos. Y siempre teniendo en cuenta que los organismos oficiales tienen un
acceso al poder más directo. O deberían.
La profesión sólo se salvará si es capaz de expandirse
jugando al equilibro con los otros actores de la obra: expansión, respeto,
responsabilidad.
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lunes, 31 de diciembre de 2012
#lsp
Jordi Ludevid,
presidente del CSCAE (Consejo Superior de Colegios de Arquitectos de España)
publicó , ayer, 30 de diciembre de 2012, una carta abierta a todos los
arquitectos del país donde se explica que el borrador de la Ley de Servicios
Profesionales española anula las competencias exclusivas de los arquitectos.
El fenómeno
debería de ser leído como una buena noticia por todos los arquitectos que
alguna vez hayan pronunciado, convencidos, la expresión reinventar la profesión, que he oído en tantos debates, tanto
oficiales como de café. ¿Qué mejor para reinventarla que partir, de veras, de
cero?
Para explicar y
justificar esta afirmación doy unos cuantos argumentos para pensar y, al final
de los mismos, manifiesto mi opinión sobre la profesión.
1.- Es absurdo pensar que nos están recortando las
competencias. Las competencias están, ya, seriamente recortadas. Desde hace
décadas. Y nadie se ha quejado. Esta leu reacciona, tal como está ahora, contra
un marco de negocio que, convencionalmente, llamamos arquitectura, y que es, tan sólo, una pequeña parte de lo que
constituye nuestra disciplina.
2.- La Arquitectura es el arte relativo a la construcción. En
sentido amplio. Por tanto, relativo a la planificación del territorio, no tan
sólo a la ciudad sino a cualquier área de influencia humana. Esta disciplina es
larga y amplia, y se ramifica por toda una serie de ramas accesorias a la
construcción física: la gestión de proyectos, la formación de los arquitectos,
la explicación (y el trato) de la propia profesión a los ciudadanos. Y la reflexión
sobre su estado, sobre sus derivas y sobre su futuro.
3.- … y, en este sentido, nos hemos dejado tomar las
competencias (mayormente por parte de los ingenieros) desde hace décadas. No
desde ahora. Entendámonos: las carreteras, los puentes, las vías férreas, los
puertos y aeropuertos, los pantanos, las centrales energéticas, las fábricas,
son patrimonio de los arquitectos. Cualquiera de estas construcciones (porque
es lo que son), englobadas dentro de lo que convencionalmente se entiende como obra civil, son relativas a la
planificación del territorio. Que, desde Vitruvio, es competencia de los
arquitectos. Por tanto, el modo en que se realizan actualmente, el modo en que
el territorio nacional se ha malcuidado, malplanificado, malgestionado, es, por
omisión, culpa nuestra. De los arquitectos.
4.- Lo que el CSCAE está intentando proteger no es nuestra
profesión. Es un área de negocio: la de los proyectos que visan los propios
colegios profesionales y que, hasta justo antes de la crisis, ha empleado a la
mayor parte de los arquitectos del país. Que no se quejaban cuando todo iba
bien, dejándose tomar cualquier área de negocio que fuese demasiado complicada
de gestionar o pensar.
Un ejemplo banal:
¿Alguien es capaz de recordar, tan sólo, tres cementerios relevantes en España,
pongamos, treinta años anteriores al que Enric Miralles construyó en Igualada?
Después ha habido unos cuantos. Antes, pocos. Muy pocos El chiste es que los
que no tienen arquitectura en absoluto están, igualmente, firmados por arquitectos.
Si Enric Miralles no hubiese proyectado el Cementerio de Igualada y nos
hubiesen quitado estas competencias sobre cementerios, pongamos, en 1982, nadie
hubiese protestado: todos tenían otras cosas a firmar. Suma y sigue.
5.- Respecto al área competencial actual de los arquitectos.
Afrontemos los hechos: el 90% de la arquitectura, y soy generoso, es un
desastre. Mala planificación, malos edificios (y muy baratos),
sobreconstrucción, poca o nula voluntad expresiva.
6.- No hemos sabido explicar, tampoco, lo que hacemos. La
divulgación de la arquitectura se ha hecho por y para arquitectos. Desterrando
al grueso de la ciudadanía de esta divulgación. Menospreciándola. La
divulgación general de la arquitectura, hasta hace muy poco (y ahora, demasiado
pocos, demasiado tarde) contenía, tan sólo, dos tipos de noticias: o
información sobre proyectos singulares, mejor o peor hechos, realizados por el starchitect de turno, o revistas sobre
cocinas y baños y reformas de edificios con nula domesticidad, pagadas
sobretodo por casas de muebles y de interiorismo. Poco más.
La crisis actual
de las publicaciones de arquitectura no viene de haberlas malabierto a los
ciudadanos (no se ha querido hacer en ningún momento), sino que se deriva del
poco nivel de exigencia que tenemos los propios arquitectos: nada ha cambiado
este marco antes mencionado. Los actos siguen siendo elitistas, sin participación
del público general o de agentes ajenos a la construcción.
7.- Se ha de explicar, también, que las competencias
respecto la edificación no siempre han estado en manos de los arquitectos. El
grueso del Ensanche de Barcelona está edificado por maestros de obras que ejecutaban,
con cariño y mucho oficio, plantas propuestas previamente por arquitectos, adaptando
el modelo como podían. Los arquitectos se ocupaban de edificios singulares,
equipamientos, organización. Había una jerarquía de tareas bien regulada que dio
resultados óptimos.
8.- Sobre los ingenieros, aparentemente, nuestras bestias
negras. La palabra que los define tiene una etimología precisa: los ingenieros
se ocupan de los ingenios. Máquinas, motores, diseño industrial, ordenadores.
Mil etcéteras. Si han llegado al nivel de poder ocuparse de la propia
edificación sin una formación específica para hacerlo (y sin la preparación
necesaria) es por nuestra desidia: hemos soltado, insisto, competencias desde
hace demasiado tiempo. Competencias que ellos han tomado dando un paso
adelante, sin preocuparse de estar, o no, malformados: da igual. Alguien tenía
que hacerlo, y nosotros no quisimos.
9.- Ahora: la carrera de arquitectura es demasaido corta o
demasiado larga. Si se trata de aguantar edificios, de impermeabilizarlos, de
dimensionar adecuadamente instalaciones básicas, cinco años son demasiado. Si
se trata de formar buenos arquitectos, cinco años es una cantidad de tiempo
totalmente insuficiente: mal repartida, mal enseñada. Y con los gestores de
esta enseñanza dando palos de ciego debatiendo especializaciones varias. La
formación de los arquitectos es pésima desde hace tiempo.
10.- El papel de la crítica: Globalmente, ha incidido en los
aspectos sociales de la profesión en una mescolanza entre apología y búsqueda
de marcos de oportunidad. Cuando los aspectos sociales de la profesión deberían
venir de oficio, como tantos otros factores que, todavía hoy en día, se
presuponen accesorios a lo que hacemos.
Un buen ejemplo de
ello serían las clasificaciones energéticas de los edificios, de la A a la G.
Los colegios de arquitectos deberían de negarse a visar cualquier edificio que
no estuviese calificado como A. Por principios: de oficio, la nuestra debería
de ser una profesión de excelencia.
11.- La crisis de la formación de los arquitectos es
paralela a la crisis de la formación básica. El principal problema de España es
la educación. La propia carrera de magisterio está deshecha. Hay generaciones
enteras de españoles esperando un trabajo que no les llegará: demasiada poca
formación para un mercado laboral que ha deslocalizado todo el trabajo poco
cualificado, que es incapaz de digerir la poca mano de obra cualificada que h
creado. Se especula con un paro estructural de un 15% al vencimiento de la
crisis. Paro estructural que tiene que ver con un sector de la construcción que
no podrá digerir toda la mano de obra que digería cuando se dedicaba
limpiamente a especular.
Reformar. Reformar
a la gente sin formación y reformar un sistema educativo usado sempiternamente
como arma política por el eje derecha-izquierda, por el eje centro-periferia:
demasiadas dualidades definen la política española. Mientras tanto, todo es cuestión
de mínimos: se discute sobre la inmersión lingüística y los estudiantes no
saben hablar inglés. La filosofía, el latín, el griego, han prácticamente
desaparecido de la formación secundaria. A sociedad malformada, malos
políticos. Malos gestores. Mal gobierno: la crisis ha entrado en un bucle de
retroalimentación.
12.- Ahora: el momento que vive la arquitectura es
magnífico. Un marco de oportunidad excepcional que se debería de saber
aprovechar.
En vez de
reivindicar una parcela de negocio, es el momento de reivindicarlo todo. Empezando
por nuestra formación. Siguiendo por las parcelas que nuestra profesión ha negligido:
la planificación, las infraestructuras, la gran escala. Los inventos. El
proyecto global. Explicando, proponiendo, haciendo ruido. Cerrando facultades
si hace falta. Y hace falta. Reformando los arquitectos que quieran seguir:
podemos hacer pantanos mejor que los que hacen los ingenieros. Caminos,
carreteras, vías férreas. Planificación. Todo. Pero hagámoslo. No dejemos esto
en manos de estudios oportunistas desesperados por conseguir encargos que
pongan la profesión al nivel de unos ingenieros que, hay que decirlo, tampoco
se están mamando el dedo y han ido aprendiendo, erigiéndose en competencia
directa por méritos propios.
La nuestra es una
formación generalista. Dentro de nuestro ámbito de actuación estamos preparados
como nadie para hacer lo que hacemos. Y, más que estar respaldados òr una ley
que dicte qué podemos hacer y qué no, hemos de convencer. Convencer de lo que
somos capaces de hacer. De nuestro valor diferencia. De la calidad de nuestros
proyectos. Reconciliándonos con todo esto y siguiendo, no defendiendo el chiringuito,
sino haciendo valer lo que somos. Y, si no somos capaces de ello, tampoco
merecemos existir.
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jueves, 20 de diciembre de 2012
4_estudios: Michael Roschach_ micromut
Web de micromut
Lo constructivo y
lo arquitectónico han ido ligados durante siglos. La crisis ha desligado los
dos hechos al forzar a muchos arquitectos a abrir su abanico de actividades por
pura supervivencia.
![]() |
| Foto: Michael Roschach. |
Hay arquitectos,
pero, que han decidido abrir la disciplina enriqueciéndola con otros oficios
voluntariamente, independientemente de cómo la realidad económica afecta al
oficio. Michael Roschach es uno de ellos. Y, a diferencia de muchos otros, su
carrera se está desarrollando dentro del mundo de la construcción Actualmente
ligada de manera prominente a un material: el hormigón. La carrera de Michael
Roschach se entronca con la de arquitectos como Miguel Fisac o Herzog & de
Meuron, desarrolladas sobre tres patas: la expresión de un material (el
hormigón toma protagonismo especial, que no único, en la carrera de Fisac), el
hecho constructivo, una investigación espacial y tipológica desarrollada y
expresada a través de los dos primeros parámetros.
Dónde?
La ubicación del
estudio (en este caso, del taller) planteaba una disyuntiva, ligada a la
naturaleza del trabajo que se realiza. La sigue planteando, de hecho. Micromut
produce objetos. Físicos. Con peso. Los materiales que se trabajan vienen de
las afueras de Barcelona. Y no es infrecuente ver dos o tres toneladas de ellos
almacenadas. De manera que se requería, obligatoriamente, una planta baja
accesible con un vehículo. Si los materiales vienen de fuera de Barcelona, muchos
de los clientes y gran parte de los colaboradores son del barrio. Crear
sinergias entre ellos, la accesibilidad humana, primaron por encima de las
dificultades logísticas que implica mover muchos quintales de material.
Estamos en el
barrio gitano de Gràcia. Simultáneamente, uno de los núcleos económicos del
barrio (pequeños locales de artesanos, arquitectos, diseñadores industriales,
publicistas, etcétera) y uno de los lugares menos conocidos y tranquilos, sin
apenas vida nocturna. Algunos vecinos prácticamente viven en la calle. Los locales
se volcan a ella, funcionando, muchos, en red, creando relaciones de
interdependencia que han hecho que el lugar “se haya vuelto importante”, ya que
funciona, por sí mismo, como Michael Roschach quería que funcionase su propio
estudio, que se ha sumado sin estridencias al mosaico de empresas existente.
A pocos metros, la
plaza del Gato Pérez, un espacio urbano delicioso, de pequeña escala, bien
tensionado. Ta íntimo que ni tan sólo puede considerarse uno de los corazones
del barrio. Edificios de diversas alturas, siempre mezcla de actividades, un
tráfico constante de gente que se conoce.
Un local
rectangular de cuatro metros de ancho por unos treinta de fondo, en planta
baja, abierto a la calle Josep Torres. Una parte delantera íntegramente acristalada,
una pequeña ventana abierta a un patio posterior al que no se puede acceder.
Unos tres metros de altura de techo. Poco más.
Cómo?
Sectorizando el
local transversalmente en función de las actividades que se realizan en dos
espacios dividodos en función de la actividad. El espacio posterior es un
espacio vacío, el anterior, un espacio limpio colocado adyacente a la entrada.
Michael es autor
(como sucede en buena parte de su carrera) del proyecto y la obra, que ha
realizado con muy pocos colaboradores. La entrada se conforma con una
carpintería de acero totalmente practicable, cuatro módulos abatibles tres a
uno, realizada por un herrero con las herramientas que cabían dentro de una
bolsa de mano. Al lado de la puerta, parte de la obra terminada se almacena
allí, a la vista, como un reclamo para posibles clientes, sobre un mueble de
madera. Importante que sea un mueble porque esta entrada está preparada para
que un coche pueda acceder al local.
Detrás, el área de
dibujo. Micromut es, también, una empresa de representación en 3-D, y se
requiere un entorno cómodo para trabajar de este modo, sentado ante un
ordenador.
Tras el área de
dibujo empieza el área sucia, separada de la limpia por una mampara (realizada
por el propio Roschach) hecha con puertas balconeras recicladas sobre un marco
perimetral replanteado in situ que acomoda cada una de las piezas.
Tras la mampara:
En primer término, una mesa vibratoria y un banco de trabajo, al final del
local el área de almacenaje y la de pulido al agua, en contacto con los puntos
de agua y saneamiento.
El local presenta
unas limitaciones físicas que, al final, han terminado por variar y enriquecer
la manera de trabajar de Roschach. La grúa, fijada directamente a la estructura
del edificio, dimensionada por viviendas, queda por encima del tercer cuarto
del taller. Se usa para levantar la pieza, desplazando, bajo ella, la mesa de
trabajo que se necesita en cada momento. Michael Roschach no considera, para su
trabajo, las limitaciones d escala, y, probablemente, este local haya
conseguido enriquecer sus métodos de modo exportable a otro lugar donde la
producción pueda ser más eficiente.
Pera qué?
Michael Roschach
entiende la arquitectura como una disciplina basada en tres patas: El material
(o materiales) de construcción, con sus técnicas constructivas asociadas, con
sus capacidades estructurales y expresivas, el producto singular (edificio,
objeto, mueble) específico de cada encargo, y el tipo, entendiéndolo como una
categorización de los anteriores objetos a través de sus posibilidades de
industrialización y customización. Michael Roschach piensa con las manos. La
conceptualización de su trabajo se ha producido por la agrupación en series
(por material, por uso) de llos trabajos que ha realizado más que por un
condicionante teórico apriorístico.
Actualmente, el
taller produce, sobretodo, objetos de hormigón. Éstos no se pueden definir con
ninguna otra palabra, ya que su espíritu no es el de un mueble convencional, ni
el de una escultura: las piezas producidas pueden ser esto, pero también
semicomponentes industriales, sin ningún tipo de relación de escala. Ante mi
pregunta de si podría, siguiendo este método, realizar un edificio entero, el
arquitecto no dudó en contestar que sí. El único problema a resolver es
logístico. Y los problemas logísticos no son problemas para él.
El taller produce,
cada vez más, diseños propios. Michael Roschach es, doy fe, un diseñador
extraordinario con un dominio transversal sobre cualquier trabajo que
interviene en el proceso de diseño y construcción de un edificio que muy, muy
pocos compañeros de profesión tienen: No se limita a ser un buen dibujante. Ha
convertido, en un proceso más propio de los ingenieros o los diseñadores
industriales, las herramientas de dibujo y procesado en tres dimensiones en
herramientas de gestión. Un render lleva asociado un cubicaje del hormigón, una
dosificación, un estudio sobre el molde. Los procesos se estudian y reestudian
integralmente. Un ejemplo comprensible de esto podría ser su serie de lámparas
de mesa. El primer diseño para la lámpara L2 estaba hecho en base a una garrafa
de agua de PVC de cinco litros: se cortaba por la mitad, se usaba su parte
inferior como un encofrado perdido de un pie que contenía, empotrados, el
cableado, el portabombillas y el interruptor. Una segunda pieza idéntica a la
del encofrado se usaba de pantalla. Tres lámparas de estas iluminan, desde hace
siete años, mi biblioteca. La compañía de aguas que usaba ese modelo de garrafa
desapareció. El encofrado actual del pié está hecho de goma, apto para muchos
usos. El fuste se ha estriado y desestriado, ha expulsado el interruptor de su interior
para realejarlo dentro a posteriori, ha incorporado bandas antideslizantes. La
pantalla ha pasado a ser de fibra de vidrio. El grafismo es un relieve
incorporado al hormigón pegando, sobre el prototipo en negaivo, vinilos que
producen un relieve sutil.
![]() |
| Prueba de encofrado flexible. |
La lámpara L3 (un
pié de hormigón del mismo módulo que el difusor, una pieza de plástico blanco)
ha incorporado la variable del transporte dejando esperas en el culo de la
pieza para fijarla adecuadamente al fondo de la caja y evitar roturas frágiles:
pequeños problemas resueltos desde la arquitectura.
El proceso de
trabajo es, por tanto, en negativo: no se trabaja directamente sobre la pieza,
sino sobre lo que la ha de conformar. El material es un líquido, compuesto y
dosificado adecuadamente, autocompactante, que adquiere la forma del encofrado
inmediatamente. Los objetos, por tanto, quedan automáticamente conformados,
especializados y espacializados, preparados para ser rematados a posteriori con
otros materiales. Y es ésta la principal diferencia respecto de otros
semicomponentes, o del mobiliario: éste se conforma, usualmente, por planos de
madera, piedra, silestone, acero, que
juntos, cierran un volumen de aire que el material en vacío no apresa. El
hormigón no es así. En bruto no es nada, componentes disgregados primero, un
líquido después. Al final de todo el proceso, espacio, aire aprisionado. Las
cocinas incorporan senos para los diversos objetos, potes, saleros,
compartimentos para trapos o cubiertos. Los tabiques dejan pasos de instalaciones,
fondos de armario, cajones, letras, eventualmente refuerzos estructurales.
Ningún otro material permite esto.
Micromut trabaja,
actualmente, mediante series de productos: lámparas, cocinas, fregaderos.
Recientemente, tabiques. Rótulos industriales. Esculturas. La promiscuidad
entre los encargos y los diseños experimentales es total: el taller no para
jamás, desarrollando, simultáneamente, productos terminados, investigación
sobre encofrados, sobre embalajes, sobre química del hormigón (aditivos, dosificaciones),
sobre su armado. Si, en breve, el taller se ha de trasladar a una nave
industrial de las afueras para poder absorber una nueva escala de encargos será
una buena noticia.
![]() |
| Foto: Michael Roschach. |
![]() |
| Lámpara L3 y su molde. |
![]() |
| Prueba de tabique y lavamanos. |
![]() |
| Lavamanos 02 en hormigón. Foto: Michael Roschach. |
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