domingo, 29 de agosto de 2010

Miguel Fisac, una iglesia en Vitoria


Fotos: Jaume Prat

A José Enrique Peraza, por haber compartido tan generosamente conmigo sus conocimientos sobre el Maestro y por su confianza.



Todo el mundo sabe que los turistas no se dispersan. No es tan inmediato pensar, pero, que los habitantes de las ciudades tampoco, así que el primer comportamiento es un reflejo del segundo. Visitar el casco antiguo de Vitoria ofrece un buen ejemplo de ello. En planta tiene forma de huso orientado según la directriz norte-sur, y, por esta última orientación, se abre radialmente a un ensanche decimonónico que contiene la sede del Gobierno Vasco, la estación de tren, la plaza de los Fueros, tiendas y paseos por donde dejarse ver si alguien puede reconocerte.

La relación de los usuarios y los habitantes del casco antiguo con su tejido se produce a base de saltos puntales entre éste y los tejidos circundantes. Los desplazamientos suelen ser de polo de atracción a polo de atracción, de ida y vuelta con pocas o ninguna distracciones intermedias, a menudo aprovechando las calles que desembocan en las puertas de la muralla derribada hace mucho. El desplazamiento en zigzag entre el centro urbano y el tejido circundante, es decir, los intentos de fusión entre barrio y barrio, no se plantean. La gestión común de estos espacios es un lío, con concejales de distrito enfrentados, equipamientos doblados, discontinuidades y diferencias no resueltas. A dos o tres minutos a pie del extremo norte del casco antiguo de Vitoria se erige la iglesia de la Coronación, centro de su barrio de edificios populares de últimos 60 y primeros 70, Obra Sindical del Hogar pura y dura sin más pretensión que solucionar un problema de demanda de vivienda, formada por unas pocas manzanas apartadas de dicho casco histórico, que se le adosa literalmente, con calles que llegan a prolongar alguna de las existentes. Queda a cinco minutos a pie de la catedral de la ciudad y constituye otro de los equipamientos doblados entre barrio y barrio, que ha contribuido más a separarlos que a unirlos. También a identificarlos: la dictadura impuso una separación de clases que explica la existencia del edificio.



No hace falta decir que la iglesia está tan olvidada como su barrio. No sale en ninguna guía turística. No la muestran los habitantes de la ciudad. Y, aún así, se trata de una de las obras mayores de Miguel Fisac, su arquitecto. Miguel Fisac murió hace demasiado poco. E, insolentemente, decidió hacerlo al pie del cañón, construyendo al máximo nivel, resistiéndose a ser una vieja gloria, a pasar a la historia, a ser tratado como una reliquia. Vivimos en un país que no perdona estas actitudes, y, por tanto, su obra se empieza a reivindicar, a descubrir, a ser estudiada resistiendo a clasificaciones y estereotipos justo ahora.

La iglesia de la Coronación es un buen ejemplo de esto. Tiene poco hormigón. Su cubierta no es de huesecitos, y ni tan sólo está claro que la luz que recibe por la pared oeste pueda ser considerada cenital. En cambio, su complejidad disfrazada de edificio elemental hace que pueda ser considerada el mismo proyecto que el resto de iglesias del arquitecto. Primera confusión: el propio Fisac, agrupando sus edificios por familias, consideraba la iglesia como un auditorio generado por un “muro acústico”, como la sala principal de la Casa de Cultura de Ciudad Real o el auditorio del Instituto de Daimiel. El edificio estará más cerca, en cambio, de la iglesia de Canfranc, reseñada aquí LINK, o de su querida parroquia de Santa Ana en Moratalaz, que tienen formas muy diferentes.



La iglesia de Canfranc está alineada con la Estación Internacional, perpendicular a la directriz norte-sur del valle, y se orienta a oeste para rezar contra la ladera de la montaña. La de Vitoria, al igual que la anterior, presenta una orientación fruto de las circunstancias. En este caso la calle Eulogio Serdán, que corre este-oeste, definiendo el límite norte del solar y ofreciendo el modo más lógico de entrar a un edificio que se le abra. El solar se extiende paralelo a la directriz del casco antiguo, de modo que lo más lógico será, esta vez, rezar a sur. A diferencia de muchos otros arquitectos constructores de iglesias, Fisac es un hombre de fe, un católico devoto. Sus creencias íntimas hacen que no le haga falta demostrar nada a nadie, y Fisac se creerá, así, con autoridad moral suficiente para alterar las convenciones de su religión en función de las circunstancias, de la economía, del emplazamiento. Aquí: directriz noreste con acceso a norte, rezar a sur. Inmediatamente. Para crear un espacio sagrado se valdrá de su experiencia y de su genio, sin más.

emplazamiento con el norte arriba
emplazamiento de la iglesia de Canfranc, norte en la misma posición

Fisac trabaja, en esta época, en función del tipo de ceremonia que define el Concilio Vaticano II, es decir, en castellano y con el cura mirando a los asistentes. El espacio, para él, será único y sin discontinuidades, y el altar se define tan sólo por una ligera elevación del mismo pavimento de la nave. El cura y la imagen de Cristo, escultura de Pablo Serrano, tras él, elevada para que éste no lo tape, colgada del techo mediante unos cables a toda altura que dan al conjunto un aire todavía más esbelto, quedan invariablemente iluminados por una fuente de luz natural indirecta e invisible, como siempre solía hacer.

el cristo tras el altar, excepcional bronce de Pablo Serrano

La nave queda iluminada más tenuemente por una luz cenital proveniente de un rosario de pequeñas oberturas. Toda la luz usada es exclusivamente de oeste, que, a todas horas del día excepto por la tarde, se comporta como una fuente de luz equiparable a norte. Por la tarde el sol choca violentamente contra las oberturas y da una luz directa, corpórea, mística. Casi Líquida. Bendita se crea o no en Dios. Habrá una sola excepción, pero, constituida por la fuente de luz indirecta tras el altar, que recibe luz de norte.



Este modo de hacer entrar la luz condicionará la planta y los materiales empleados decisivamente. El muro este, totalmente ciego, se pliega sobre sí mismo en curva para no necesitar ningún tipo de arriostramiento y poder soportar así la enorme altura que alcanza a sur. Presenta su parte cóncava al interior para recoger la luz de oeste sea directamente, sea rasante cuando la pared se dobla y se coloca perpendicular a esta orientación. Su acabado interior es enyesado y pintado en color blanco.



El muro oeste es más complejo. De directriz recta, será doble hasta media altura, y en su interior se alojarán la sacristía, una pequeña capilla de diario y el baptisterio anejo a la entrada. El hecho de ser doble le da, también, estabilidad, aunque, probablemente, requiera de algún tipo de arriostramiento adicional trabajado en hormigón. Cuando el muro se afina y se convierte en simple pierde su cara exterior, complejificando su volumetría en relación con la calle y dejando la pared interior completamente a plomo, quedando esta horadada por las pequeñas oberturas anteriormente descritas, dispuestas en damero, de directriz vertical para que no afecten  la estabilidad de la pared ni requieran dintel. Se rematan con un cristal obre, color sol, y bañan el interior de una luz cálida, casi violenta en contraste con el blanco con matices azulados, por la penumbra, de la pared sur. La iglesia queda, así, atada transversalmente por la luz y funciona como una especie de enorme amplificador, o altavoz, de luz.



Su sección longitudinal es la misma que en Canfranc: una semiplanta simetrizada respecto de la mitad de su longitud, que da como resultado un techo que empieza bajo en la entrada (en Canfranc se puede tocar cómodamente con las manos, en Vitoria tiene unos cinco metros en su punto más bajo para poder alojar allí el coro) y sube a una sola agua muy pronunciada hasta el altar.



Si en Canfranc el ascenso de la cubierta le permite mimetizar la sección con la montaña, aquí, donde el terreno es llano, gana altura para competir con las viviendas vecinas al exterior… y crea una espiral hacia el cielo en el interior. Nuevo matiz: en Canfranc la operación se consigue únicamente con la simetría anteriormente descrita, mientras que en Vitoria la sección resultante de hacer sólo esto daría como resultado una cubierta convexa. Una nueva simetría respecto del eje longitudinal de la cubierta (su pendiente) hará que sea cóncava al interior y que tome forma de vientre de ballena, equiparándose, con este gesto, al quiebro de la cubierta de Canfranc, que se rompe sobre el altar y salta arriba, produciendo una entrada adicional de luz indirecta elevando aún más la cubierta, difuminando sus límites como si huyese hacia arriba, buscando a Dios. En Vitoria la forma convexa consigue lo mismo de un modo más económico, menos aparatoso, más sutil.


arriba, la sección de Canfranc, abajo, la de Vitoria

La iglesia de Canfranc es la penumbra, la caverna, como lo son las casas que sirve. La luz es el matiz, lo que rompe la oscuridad imperante. Los materiales la absorben, y el altar queda mucho más iluminado, más contrastado respecto de la nave. El cielo raso interior cae sobre los asistentes, exhibiendo la estructura, que soporta un entablado realizado con tablas de costero solapadas, rugosas.

Vitoria es la luz, la alegría, la vitalidad, un paso adelante. El cielo raso no debe de caer, tan sólo ofrecer un refugio elemental, concentrar la atención de los asistentes sobre el altar. Por este motivo el entablado será doble, y aparecerá un acabado interior liso, viene ejecutado, con los tablones dispuestos en sentido longitudinal, en lugar del transversal de Canfranc, acompañando la vista del espectador hacia el altar. La estructura de la cubierta está contenida entre las dos capas de acabado, la interior y la exterior. No dispongo de más información para describirla.



La iglesia se construye con los mismos materiales que en Canfranc (piedra, hormigón, terrazo, madera) más el yeso de la pared sur: cinco en total, cristal en las oberturas y metal en algunas esculturas. Nada más. La piedra (con hormigón en el interior y en los refuerzos) forma las paredes portantes. La madera, siempre trabajada en conjuntos uniformes, forma las no portantes y el entablado interior. El yeso recibe la luz y el hormigón forma las grandes oberturas y los dinteles, así como el campanario. Se encofra invariablemente con tablas, y a veces se acaba abujardado con una bujarda de cinco puntas, la preferida por Fisac por el carácter basto que imprimía al hormigón. Los pavimentos son de terrazo.



La madera, de pino, se barniza con un trapo, nunca con brocha, cosa que le da un satinado especial y que permite, también, que el tratamiento penetre más a fondo. El mobiliario es de madera, piedra y hierro, diseño del arquitecto. Mención especial a los bancos, sencillos y prácticos, y a la pila bautismal, de piedra monolítica. Los confesionarios, bajo el coro, un entresuelo de hormigón colgado de la pared este cuando ésta se ha retorcido tanto que queda paralela a norte, son también de madera con las puertas de acceso de arpillera basta y barata.





El campanario de la iglesia, a diferencia de Canfranc, donde se encuentra integrado y asociado al lucernario del baptisterio, sirve aquí para dar escala al edificio, y consiste en tres fustes de hormigón arriostrados entre sí por la estructura portante de las campanas, una auténtica escultura de acero de enorme categoría realizada por Fisac, y queda totalmente exento de la iglesia, casi tirado sobre la calle, más alto que cualquier otra cosa de su entorno a manera de reclamo, de vigía.



El estado de conservación de la iglesia permite apreciar la calidad extraordinaria de su construcción: no parece un edificio demasiado bien cuidado ni rehabilitado, y, aún así, está como nuevo, sin goteras ni humedades, sin nada que haya envejecido. Probablemente las pátinas que ha ido adquiriendo lo hagan estar mejor ahora que cuando era nuevo.



Cenando en un restaurante céntrico de la capital, los dueños, en la hora del café, manifestaron su sorpresa por nuestra visita al edificio, que definí sin dudarlo como “uno de los mejores de la ciudad”. “La de cosas que se entera uno”, me dijo el dueño. Y es que sólo lo había visitado una sola vez en su vida, aún siendo católico practicante y viviendo a cuatro minutos a pie de allí. No sé si desear que se incorpore a la lista de lugares emblemáticos a tener en cuenta o si desear, por el contrario, que siga sirviendo, sin más, a su barrio. 


lunes, 2 de agosto de 2010

Arquitecturia: Centro Cívico de Ferreries




Foto: Pedro Pegenaute (www.pedropegenaute.es)


El Centro Cívico de Ferreries es un proyecto de rehabilitación puro. El edificio es un mercado tipo del Ministerio de Vivienda franquista, construido en los años 60 con materiales y mano de obra local formando parte del complejo de viviendas inicial que inauguró el barrio, montado sobre unos terrenos inundables que contenían huertos de naranjos, mandarineros y hortalizas diversas organizados en parcelas largas y estrechas paralelas al río Ebro previas a la construcción de los pantanos que tranquilizaron su curso.
El mercado se organizaba a base de un gran espacio central cubierto a dos aguas con una estructura a base de caballos de hormigón prefabricados, probablemente in situ, y correas también de hormigón rematadas con teja árabe. A lado y lado de este espacio (una Basílica, de hecho) se extendían los tenderetes, pegados contra las fachadas. En su eje mayor, los accesos des del barrio. En su eje menor se extendía, por su lado este, el mercado de pescado, en un cuerpo a parte. Se levantaba unos 70cm del nivel natural del terreno, por eso de las inundaciones. La puerta norte, importantísima, se abría sobre la carretera de acceso a Tortosa, que conducía a un puente de barcas primero y al primer puente fijo que hubo en la zona más tarde, dinamitado por las fuerzas republicanas en la Guerra Civil para obstaculizar el avance de las tropas sublevadas sobre Tarragona. Su pilona central soporta, todavía hoy, el horroroso monumento a los caídos que guarda el puente nuevo, proyectado también des de Madrid con un gravísimo error de replanteo que lo dejó unos metros por encima del nivel de las calles a las que sirve, creando un caos urbanístico todavía no resuelto. Los ministerios de Regiones Devastadas y el de Vivienda jugaron un papel clave en el desarrollo de la zona.
Planta baja del mercado antiguo. Plano: Arquitecturia

La primera decisión, no del todo obra del equipo, fue la de conservar el mercado. Curioso: el material, un ladrillo local de color claro cocido a una temperatura no demasiado alta, jugó un papel determinante. Nos encontramos ante la decisión, muy interesante, de catalogar más un material que un edificio.
Vista del antiguo acceso principal. Foto: Jaume Prat

Aceptado esto, los arquitectos decidieron dejar el edificio tal cual por fuera como primera decisión. La segunda es la más determinante, y tiene que ver con la naturaleza del programa: un centro cívico, es decir, un edificio público muy abierto a la ciudad. Por tanto se decidió tratar como una prolongación de la calle, cosa que constituye un cambio de paradigma respecto de la naturaleza del mercado.
Respuesta: convertir los antiguos accesos en ventanas, cegándolos sin desmontar, pero, las escaleras de acceso que salvan el desnivel ya citado, de modo muy similar a como Enric Miralles cegó el acceso lateral al ayuntamiento de Utrecht.

Foto: Jaume Prat

Respuesta: derribar el mercado de pescado y construir un cuerpo de nueva planta que contenga la parte más privada del programa en altura y que dé escla a la nueva plaza creada en ese vacío, que urbaniza unos antiguos detrases y que relaciona el centro con un Centro de Día casi adyacente.
Respuesta: organizar el espacio interior a través de unas diagonales muy potentes creadas en los tres ejes a partir de las vidrieras de fachada, de grandes puertas alineadas y de dobles espacios más la escalera.
Planta baja de la intervención. Plano: Arquitecturia

Uno de los rasgos que más me llamaron la atención de todo el discurso de Josep fue el que no justificase nada: todo lo que hay en el edificio está pensado y aceptado, y la pobreza de los acabados se hace jugar siempre a favor. Avanzo que el acabado de la plaza no me gusta. Tampoco me gusta demasiado, aún estando muy bien escogido, el linóleo del pavimento. Preguntado por el tema, Josep respondió que en proyecto se había previsto hormigón acabado en polvo de cuarzo para el interior y un pavimento de losas Breinco Vulcano en color negro (material muy bello que yo mismo he usado en varios proyectos) al exterior. Hecho el ejecutivo y preparada la obra en tres fases (rehabilitación, cuerpo de nueva planta, urbanización) se les pidió que lo ejecutasen todo en una sola… contando con poco más dinero que el necesario para la primera. El equipo respondió sacrificando acabados, ajustando medidas y renunciando a diversos elementos, todo sin una sola queja. Uno de los factores determinantes para conseguir esto fue su preparación técnica: el equipo construye bien. Muy bien. Este virtuosismo, consubstancial al proyecto, lo ha hecho terminar felizmente.
La distribución en planta del edificio mantiene muy sutilmente lo que había. La nave del mercado se ha vaciado completamente, y los caballos de hormigón se han dejado vistos. Un altillo que contiene la sala polivalente, realizado como una losa de relativamente poco canto sin ningún soporte estructural intermedio, tapado con cristal por los extremos y ubicado dejando dos dobles espacios muy asimétricos (uno de ellos muy vertical, de unos dos metros o dos metros y medio, el otro de casi media nave) da escala a la intervención.
Sección. Plano: Arquitecturia

La estructura de tres naves con los dos laterales conteniendo tenderetes volcados al espacio central vacío se ha mantenido sutilmente unificando el espacio de los tenderetes para crear un deambulatorio que recorre la nave grande por todo su perímetro. Las vistas en diagonal se mantienen sobredimensionando los accesos a este deambulatorio para que las puertas queden alineadas. Para que el deambulatorio lo sea de realmente los arquitectos han cegado los testeros disponiendo una pared contra las antiguas puertas de acceso.
Foto: Pedro Pegenaute

Adicionalmente aparecen dos nociones clave para entender la obra del equipo: el teatro y el barroquismo, combinados con un cierto sentido del efectismo y la escenografía. Estos dos últimos rasgos son a base de la noción espacial del Movimiento Moderno.

Foto: Pedro Pegenaute

El deambulatorio, las visiones cruzadas, la multiplicidad de circulaciones, los puntos de agua dejados en los pasillos como rastro de los antiguos tenderetes para limpiar pinceles, para maquillarse, convierten la sala en algo parecido a un happening, un lugar preparado para mirar y ser visto, realmente interactivo. En un espacio de actividad.

Foto: Pedro Pegenaute

La respuesta al acondicionamiento acústico de la sala ofrece su punto barroco. Resumido: la nave está forrada entera, sin la más mínima jerarquía, con listones de DM esmaltado en color blanco. Los listones tienen una sección aproximada de unos cinco por diez centímetros, y están separados entre ellos la misma distancia. En el interlistonado aparece, por su parte interior, un filtro geotextil de color negro de una densidad relativamente alta, sobre los 90 gr/m2. Curiosamente, la precariedad del montaje ha favorecido su el comportamiento acústico del revestimiento multiplicando su capacidad de absorción. Las ventanas quedan, simplemente, tras todo esto y el efecto lumínico resultante se aprecia en las fotos. EL espacio tiene bastante de los “espacios porosos” que tan bien construye Steven Holl, aquí inserto (y jugando) con una rehabilitación. Se niega la escala del edificio original para mostrarla de modo sutil en el juego entre lo viejo y lo nuevo. Los elementos constructivos modifican, afirman o niegan esta escala en un juego muy moderno. Sutileza: la planta, totalmente vidriada al exterior, ofrece a priori poco misterio al estar destinada a favorecer las visuales largas en diagonal, cruzadas, además. El misterio se obtiene explotando el espacio en altura. Dobles alturas muy verticales y poco evidentes desde fuera, cruzadas algunas de ellas por una lámpara bien puesta (aquí la discrepancia es a la inversa: Josep no está del todo satisfecho con ella y a mí me gusta el resultado). Una escalera que juega a ser un homenaje al maestro de la Sota y que de tan adaptada al lugar acaba creando otra cosa más genuina (atentos al detalle del encuentro del antepecho de chapa metálica negra con el falso techo blanco).

Foto: Pedro Pegenaute

El exterior: el mercado se ha dejado tal cual, con los famosos ladrillos convenientemente limpios, algunos vanos de pared revocados y pintados color beige claro, las escaleras de acceso a las puertas cegadas intactas. Las carpinterías nuevas son de acero con un marco sobredimensionado que sale hacia fuera creando una línea de sombra muy potente entre el vacío y el marco. El cuerpo nuevo contrasta fuertemente con el existente. Su volumetría es rotunda, masiva, trabajada en función de planos unitarios estriados verticalmente, de aristas bien marcadas, todo en color negro, huyendo del paralelepípedo puro. El alzado noroeste del edificio presenta una cierta forma de Z donde dos volúmenes macizos juegan con dos vacíos, un porque y una parte del edificio que falta.

Esquema del alzado. Plano: Arquitecturia

Foto: Pedro Pegenaute

Bajo el porque, un pilar doble en X asimétrica un tanto aparatoso. Los cimientos del edificio viejo se tocaron poco porque Miquel LLorens, el consultor de estructuras, prefirió intervenir sobre el estrato resistente del terreno para modificar y redistribuir mejor el bulbo de presiones de los cimientos existentes. Esta solución llevó a buscar pocos puntos de contacto con el suelo, y el pilar conduce los soportes de esa parte del edificio, parcialmente en voladizo, al suelo. La pega es que los voladizos se producen en los tres ejes y el momento torsor resultante se ha de equilibrar con un tensor que, con poco dinero, es complicado de diseñar. Igualmente las vistas oblicuas del pilar y su posición cobran sentido.

Foto: Jaume Prat

La solución de los cimientos ha impuesto un sistema de fachadas ligero, montado casi en seco, añadiendo capas como si fuese una cebolla. No hay ladrillos, sólo cartón yeso, aislamiento, impermeabilizaciones, todo semiindustrializado. Los agujeros de fachada no son continuos y crean un juego ambiguo y muy barroco de reflejos y contrarreflejos tras el revestimiento continuo de chapa grecada, perforada con el mismo módulo que el enlistonado interior.

Foto: Jaume Prat

En el testero oeste, sobre el voladizo, la greca se abre y se forma con una sucesión de perfiles en Z. Notad la sutileza del ala interior perforada a partir de un solo perfil doblado en frío con las otras alas macizas, todo gracias a la insistencia del equipo y al oficio de RECA, empresa dedicada a troquelar chapas que, a menudo, son un buen soporte para los arquitectos. Doy fe.

Foto: Jaume Prat

Los detalles de sujeción de estas Z son ridículamente sencillos, enriquecidos por el mucho pensar y las tantas horas de trabajo.
El resultado sorprende. El edificio, modesto, sencillo, bien trabajado, no es sólo una pieza bien inserta en su contexto, sino que lo crea, lo modifica y actúa a gran escala generando nuevas relaciones con el barrio, más actividad, más vida.

Foto: Pedro Pegenaute

El vecino de al lado ha prometido reformar su fachada y revitalizar el local. ¿Qué más se puede pedir? Se ha creado un lugar.

Foto: Pedro Pegenaute

Gracias a Pedro Pegenaute por las fotos, a Marta Poch por su paciencia, al equipo de Arquitecturia por los planos y a Josep Camps por todo. 

domingo, 1 de agosto de 2010

Arquitecturia: Josep Camps i Olga Felip


Cuando leí en Scalae que el equipo de arquitectos capitaneado por Josep Camps y Olga Felip había ganado el premio 40 under 40 tuve un ataque de alegría.
Josep y yo estudiamos juntos la carrera y, como sucede demasiado a menudo, nos descolgamos al terminarla. Recientemente Josep me escribió para decirme que seguía el blog cosa que me hizo mucha ilusión por el triple motivo de reencontrar la persona, constatar que es uno de los que ha seguido perseverando y creciendo después de los años de facultad y comprobar, que, además, le gusta lo que hgo. A través de su web, muy sencilla, contacté con su obra, que me pareció muy atractiva, y, como lo sabia de Tortosa, aproveché para contarle mis propias experiencias en las tierras del Ebro.
Contento por el premio escribí a Josep para felicitarle y pedirle un encuentro en una de sus obras para que me la enseáse y explicase con ánimo de ponerla en el blog. Accedió, me citó en Tortosa y me enseñó dos: el Centro Cívico de Ferreries y la plaza del Ábside de la Catedral. El interés de las obras y su manera de contarlas hizo que me haya decidido no por uno sino por dos artículos: imposible desprenderse de un entusiasmo que, dias más tarde, luego de haberlo procesado y estudiado todo más a fondo, todavía se mantiene.
En uno o dos días saldrá el primero de los artículos dedicado an Centro Cívico de Ferreries, edificio remarcable que, hasta donde sé, se va a publicar por primera vez en el blog, de calidad excepcional, que, espero, dará mucho que hablar...