Escribo esto a
falta de 21 días para la inauguración del primer Pabellón catalán en la Bienal
de Arquitectura de Venecia. Es la segunda parte de un artículo que quería ser
una reflexión genérica sobre su existencia, sin concretar demasiado el
proyecto. Cosa que me han pedido reiteradamente que haga.
Este pabellón
constituye una oportunidad única. Muestra una explicación de la arquitectura
catalán de un modo extraordinariamente generoso: a través de nueve obras hechas
por arquitectos jóvenes, en un abanico de edades que va de los 44 a los 32
años. Estas nueve obras quedan contextualizadas por otras doscientas, que
quieren enmarcar las protagonistas y contextualizar una arquitectura que, como
tal, jamás se había presentado en la
Bienal. Más el propio pabellón que lo engloba todo, una pieza de
arquitectura remarcable en sí misma, diseñada por los dos comisarios, Jordi
Badia y Félix Arranz.
Se han escogido
nueve obras (que no nueve equipos de arquitectos, aunque la identificación es
tan obvia que éstas aparecerán firmadas en el pabellón) de una generación que,
por las condiciones en las que les ha tocado debutar en el mundo de la
construcción, condensa buena parte de lo
mejor de las generaciones precedentes. Curioso: la mayor parte de las obras de
contexto que acompañan las nueve obras principales son obras iniciales,
seminales, de la carrera de los arquitectos seleccionados. El diálogo entre las
obras principales y las de contexto es, pues, de igual a igual.
El contacto, la
continuidad entre estas obras y la arquitectura catalana precedente queda
condensado en cinco puntos (sacados del dossier de contexto): el lugar y su significado (sensibilidad
hacia el emplazamiento y su historia), la ética
y proximidad, materialidad permeable, investigación y denuncia, y, por
último, esencia y tradición.
Contextualizar
esta arquitectura da armas para investigar sus conexiones internacionales, es
decir, su contexto global. Nuestra generación ha tenido un acceso a la
arquitectura internacional inédito hasta hoy en día: todo el fondo que han
usado las generaciones precedentes (conservado en las bibliotecas de las
facultades y de los colegios profesionales) más este fondo ampliado, más todas
las nueves maneras de comunicar arquitectura que se han ido incorporando: desde
los documentales de arquitectura del Pompidou a los blogs, pasando por todas
las webs de los diversos estudios profesionales de arquitectura, las revistas
editadas por compañías de materiales o componentes (que, como muy bien han
entendido los publicistas contratados por estas marcas) o son buenas revistas o
se van directas a la papelera, los fanzines, las jornadas de puertas abiertas,
e, incluso, la aparición cada vez más frecuente de arquitectura y arquitectos
en prensa generalista.
Este contexto ha
hecho que incorporemos a nuestra referencias arquitecturas lejanas con la misma
libertad que las más cercanas a nosotros, a las que siempre necesitaremos
atender por razones climáticas y culturales.
| Jujol: cubierta del Mas Bofarull: pedazos de mármol y un desayuno. |
Vale la pena
profundizar en las razones culturales. Éstas han cambiado profundísimamente
respecto las que indujeron las arquitecturas catalanas tradicionales: nuestro
marco es democrático. Vivimos en (o procuramos preservar, mejor dicho) un
estado del bienestar. Hemos incorporado unos parámetros de confort inéditos
hasta hace pocos lustros, que no vienen de nuestro marco cultural, sino de
Centroeuropa o de los Estados Unidos.
Es este el
contexto (y la razón de haber escogido) estas nueve obras. Razón compartida con
casi toda la arquitectura que, en estos momentos, se está produciendo en el
país.
Paso a reseñar las
nueve obras mostradas en el pabellón por el orden en que aparecen en el dosier
de contexto. Me ha sido imposible abstraerme de los arquitectos que hay detrás,
algunos de ellos buenos amigos. Lo he hecho un poco contrariado, porque no he podido
visitar la mayoría de ellas. Por tanto, la información de la que dispongo es la
misma que tendrán los visitantes del pabellón, y esta mirada no será más que
una de las muchas posibles que podrán tener sus visitantes, si observan
atentamente.
1.- Casa en Bunyola.
Francisco Cifuentes arq
…o el local de los
locales. La mirada del arquitecto parece agotarse, voluntariamente, a 50km de
la casa.
El arquitecto
cuenta la casa desde su construcción, producto de una logística complicadísima
(terreno colgado en la montaña, de acceso dificultoso, uso de materiales
manuales, hormigón llevado en helicóptero, estandarización). Todo esto son, a
mi parecer, anécdotas que hablan del mérito que ha tenido materializar el
edificio. Pero por sí solas no garantizan la calidad de la arquitectura.
El hecho es, pero,
que la obra es excepcional. Para mí, la más bella de todas las expuestas, sin
que pueda argumentar esto de un modo convincente: es cuestión de piel, de
sensibilidad.
Cifuentes
arquitecturiza la obviedad: le dan un bancal. Lo cubre a una sola altura,
bajito de techo. Abre la casa a las vistas y le da una doble orientación
trabajando con mucho cuidado la relación con el bancal. Construye una fachada
posterior para evitarse problemas con el agua. Da al conjunto una dimensión
urbanística incorporando un camino en el interior de la casa. Cubierta plana.
Cinco materiales: cerámica, madera, hormigón, yeso, cristal. Curioso como
siempre se tiende a olvidar el cristal cuando se habla de materiales.
A partir de aquí,
la casa es un juego de sutilezas: la relación vagamente oblicua entre dos
cuerpos aparentemente simétricos, teniendo en cuenta que el bancal parece que
los dejase colocar completamente paralelos. La obertura de ventanas profundas
relacionadas únicamente con el sol. Un dibujo en planta sutil, ambiguo, que se
desvela gradualmente. Que exige al observador.
La interpretación
de la obra no es fácil. Cifuentes habla de estandarización, pero la obra es
mucho más inspirada que sistémica, y queda trascendida a través de la enorme
habilidad para el diseño del arquitecto. La obra está trabajada a través de su
complejidad. Incorpora el tiempo, la memoria de los materiales, su desgaste, el
modo de vivir, a la arquitectura. La casa cambiará. Se reformará. Y la casa lo
aguantará, porque éste, y no otro, es el verdadero sentido de la arquitectura
orgánica.
Y, desde algún
lugar, Utzon sonríe.
2.- Jardín de
infancia en Pratdip. Núria Salvadó i David Tapias, arqs
Conozco la obra de
estos arquitectos de primera mano, pero no así este edificio. Éste queda
trascendido por el uso de una paleta de materiales muy pobre, por unas técnicas
constructivas sacadas directamente de la autoconstrucción. Viajar desde el Camp
de Tarragona (los arquitectos son de Reus) hacia el sur (la Conca de Barberà,
el Priorat, la Terra Alta, las Tierras del Ebro) es encontrarse con un parque
construido precario, hecho a base de construcciones de ladrillo, muchas veces
sin revestir, muy libres todas ellas, que despliegan un enorme repertorio de
recursos posibilistas abandonados, interrumpidos (más que terminados) cuando
éstos empiezan a cumplir su función estricta. Muchas veces se superponen a
casas seculares, terminadas, dignas, pero necesitadas de ampliaciones y, muchas
veces, en un estado de conservación precario. Ninguna de estas construcciones
es arquitectura ni tiene ningún tipo de voluntad representativa. Todas ellas,
en conjunto, dan una imagen muy característica de estos pueblos.
Salvadó y Tapias
dan completamente la vuelta a esta estética, tomándola tal cual y
trascendiéndola. No estamos ante un caso de arquitectura de camuflaje, sino
todo lo contrario: este jardín de infancia es un manifiesto. Es uno de los
primeros embriones para dignificar este modo de hacer, para pasarlo, sin
transiciones, a la arquitectura culta, abriendo la puerta a reformar todo el
resto del pueblo (o de estos pueblos) simplemente leyéndolos de otro modo y
haciendo intervenciones puntuales para las que se requiere muy poco esfuerzo
económico. Esta arquitectura es un ejemplo de cómo, con muy poco, apenas un
clic mental, se puede dar representatividad a una estética deprimida, casi
vencida.
3.- Escuela de Arte y
Diseño de Amposta. David Sebastian, Gerard Puig, arqs.
Aprovecho, desde
aquí, para pedir a los arquitectos la web que no tienen.
El edificio es
fascinante. En cierto modo, se contrapone diametralmente a la casa en Bunyola
de Cifuentes, ya que, en este caso, los arquitectos se limitan a definir unas
reglas de juego muy precisas, estandarizarlas y repetirlas en función de las
necesidades del programa y del solar. Por tanto, el edificio encaja en su
parcela, curva, por aproximación: la arquitectura y el sistema constructivo se
confunden. La definición de este sistema es, pues, lo que lo trasciende todo:
el contexto, la escala, los materiales, la estructura.
A partir de aquí,
el resto es combinar: combinando inspiradamente se obtiene una volumetría
atractiva, un programa, un acceso. Se crean relaciones con el pueblo. Se
obtiene una fachada atractiva. Los detalles restantes son pocos y muy potentes:
hormigón a piel con la estructura, una buena disposición de las chapas de
revestimiento. Poco más. Gestos mínimos con efecto maximizado: así se hace esta
arquitectura.
La obra espera un
edificio hermano, producido por los mismis arquitectos con el mismo
vocabulario, que, seguro, le dará otro aire y, por masa crítica, otra relación
con el pueblo.
4.- Casa Collage.
Ramon Bosch, Bet Capdeferro arqs.
… o la anécdota
categorizada. La casa parece haberse hecho a salto de mata. A golpe de
inspiración pura, casi sin sistema. Su construcción, dilatadísima en el tiempo.
Dos decisiones iniciales que no tienen que ver con el lleno, sino con dos
vacíos: la caja de escalera, convertida en patio, y el patio posterior. Un
conocimiento profundo del lugar. De su historia, de la historia, del entorno
cercano. Al final, parece como si se hubiese barnizado el conjunto, como si de
un cuadro se tratase, y, con esta sencilla operación, ha aparecido la
arquitectura. El collage al que alude el título de la casa no es, pues, formal:
es procedimental. Cosa que, obviamente, legitima este título, le da sentido y
habla, también, de grado de consciencia de los arquitectos respecto de su obra.
5.- La Seca.
Meritxell Inaraja arq.
Conozco de primera
mano la obra de esta arquitecta, pero no este edificio en concreto, que sólo he
visto por fuera.
La Seca era la
fábrica de moneda de Barcelona. La peseta (palabra catalana, diminutivo de la
castellana pieza, el nombre de la
moneda de curso legal en España hasta el siglo XVIII) es un invento de guerra,
concretamente de la Guerra de Sucesión, cuando la escasez de plata obligó a
acuñar piezas pequeñas. Piececitas. Pesetas, por tanto.
El edificio tiene,
entonces, una enorme importancia histórica. Como buena parte de las fábricas
urbanas de Barcelona, al caer en desuso no fue abandonada, sino convertida en
viviendas, compartimentada y mantenida episódicamente, de modo que parte de la
distribución posterior entró en carga y llegó a ser, en algunos momentos,
estructural. El edificio estaba profundamente alterado. Programáticamente
alterado. Y, para su reutilización, se propuso, nuevamente, realterarlo y darle
un uso completamente diferente a los que había tenido hasta entonces, que
recuperaba parte de las dimensiones que tenía el edificio cuando era una
fábrica, con unos nuevos requerimientos estructurales y, obviamente, de
confort.
Estamos ante la
obra más coherente con las tesis del pabellón de todas las expuestas: obra
pública hecha con muy poco presupuesto, una intervención delicada sobre un
edificio histórico en unas circunstancias muy complicadas. Buena parte del
resultado, como el pavimento de la terraza, está al límite de la arquitectura.
Lo que todavía dignifica más el conjunto.
El resultado final
consolida y limpia el edificio existente y le da un carácter que no había
tenido nunca. Una serie de operaciones nuevas vienen a completar el conjunto,
realizadas no tanto por oposición como equilibrando y contraponiendo lo nuevo a
lo viejo con materiales que, en pocos años, serán difíciles de distinguir de
los ya existentes, creando un conjunto nuevo, frágil, inestable, precario. Esta
delicadeza es lo que le da el carácter y, a la vez, lo que acerca este edificio
a maneras de hacer como la del propio Jujol.
6.- Casa para tres hermanas.
Jaume Blancafort, Patricia Reus arqs.
Es la obra más
difícil de estudiar de todas las presentadas. Su relación interior-exterior
(con un exterior forrado, de un modo muy atractivo, con listones de madera sin
pulir), es, para mí, una incógnita. El dibujo en planta es muy atractivo, pero
completamente insuficiente para entender el proyecto. Una visita a su web
aclara más cosas: la parcela es enorme. La casa se sitúa en su cuadrante
noreste, segregando un acceso y dejando el resto del espacio sin tratar, para
confort visual de unas casas sin espacio exterior diferenciado. La planta deja,
en el nivel superior, un vacío sobre el estar y un cuartito, una habitación con
vistas. El exterior dialoga bien con el exterior, valga la redundancia. Los
interiores, atractivos y bien diseñados. La relación (constructiva, conceptual)
entre los dos mundos, difícil de entender.
El resultado es
fascinante, sea por esta aura de misterio o porque el edificio, sencillamente,
lo vale.
7.- Ampliación del IES
Josep Sureda i Blanes. SMS arquitectes.
… o la
dignificación de los proyectos tipo franquistas. La gracia de este proyecto es
que, sin renunciar a una autonomía formal y un discurso propios, en realidad no
es nada sin el edificio existente. La construcción de las escuelas franquistas
funcionaba con un proyecto tipo único para toda España, en función del número
de alumnos únicamente, y un proyecto complementario que lo adaptaba al lugar.
Físicamente. Constructivamente. No más. Estos edificios eran mediocres, feos,
realizados con materiales de calidad justa: una arquitectura que ha poblado los
pueblos españoles de este tipo de construcciones, que vale la pena procupar
valorar, rehabilitar y, sobretodo, dignificar. Esta ampliación es un ejemplo
paradigmático de cómo hacer esto. Estamos, como en el caso de Salvadó y Tapias,
ante una arquitectura-manifiesto que toma sentido, sobretodo, por su valor
propositivo.
Los arquitectos
han sabido ser muy sensibles al edificio existente: rasgos como el tratamiento
del alero superior lo testimonian.
El conjunto no
parece una ampliación: parece un edificio que siempre haya estado ahí. El
ejercicio me recuerda, por dignidad, por espíritu, la fachada de la ampliación
del ayuntamiento de Gotemburgo, de Asplund.
8.- Piscina, vestidores
y sala polideportiva en Jesús. Olga Felip i Josep Camps arqs.
Los arquitectos
parten de un conocimiento profundo del territorio donde se implantan: de su
historia, su clima, su arquitectura. Complementariamente a esto, Felip y Camps
han manejado, desde el principio, toda una serie compleja de referencias
internacionales trabajadas de un modo consciente y constante. Todo esto
cristaliza en un lenguaje formal, de largo el más maduro y consolidado de todos
los arquitectos participantes en la exhibición. Este lenguaje, elegante, recurrente,
rico, propio, parece ser la respuesta a la pregunta que se formulan mucho más
que un condicionante apriorístico: un punto de llegada donde se sienten
cómodos, que tanto puede ajustarse a proyectos muy verticales (como la
propuesta para la Biblioteca del Born, a medias con Javier San José) como este
edificio, que es el más horizontal que les conozco: la seriación vertical
producida con elementos industriales muy baratos, la oposición entre los
revestimientos y la estructura portante, los recorridos tangentes, el amor por
el detalle constructivo, son sus marcas de fábrica.
9.- Can Ribas.
Jaume J. Ferrer Forés arq.
El otro proyecto
desconocido del grupo. Además, el arquitecto tampoco tiene web.
Me remito a la
memoria: ésta sólo habla de urbanismo. La oposición entre unas fotos tan
seductoras y el discurso convierten el diseño que las ha posibilitado en un
acto íntimo de un arquitecto capaz.
Las imágenes
hablan, pues, por sí solas. Sus detalles son seductores, y dan ganas de conocer
más el conjunto.
… y el Pabellón.
Jordi Badia y Félix Arranz, arqs y comisarios.
Emplazado en la
isla de San Pietro, al final del Viale Garibaldi, uno de los más bellos e
interesantes de toda Venecia (que hay que visitar en día de mercado), en una
nave de los años 30, estructura cerámica y cerchas de madera soportando un
tejado también cerámico. Ocho crujías y media. Un recorrido longitudinal de ida
y vuelta hasta el fondo de la nave, convertido en sala de proyecciones. La ida:
el contexto. La vuelta: las obras. El pabellón dividido en el sentido del
recorrido en dos partes muy asimétricas: la del contexto, estrecha, apenas un
pasillo, con un acceso en forma de embudo. Después, el espacio principal se
abre y unas enormes fotos exhibirán los edificios expuestos. El efecto
escenográfico, el ritmo del visitante, sus movimientos, hasta sus sensaciones a
través de los materiales, el juego entre lo existente y lo expuesto harán de
este pabellón un ejemplo de cómo hay que exponer en Venecia. A lo que escribí
sobre la pasada Bienal (antes de saber, tan sólo que algún día habría Pabellón
de Cataluña) me remito.
1 comentario:
Enhorabuena, una vez más, por tu exquisita concepción de proarquitectura, querido Jaume.
La de Bosch-Capdeferro la habría firmado a ciegas don Carlo Scarpa. Arquitectura procesal ad hoc en estado puro. El resultado, allende el concepto, es lo de menos.
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